EL VIENTRE VIEJO Y EL VALOR DE LAS HECES
Éramos jóvenes. Cuando regresábamos de la improductiva jornada lectiva, entónabamos la siguiente canción desde la fila trasera del autobús universitario, que descendía acelerado desde el Campus de Elviña por Alfonso Molina:
Vientre mayor, vientre menor,
todos los vientres vacío yo.
Defecación o micción,
tu decides es tu elección.
Si tienes diarrea
no comas peras verdes
te irás por la pata abajo
y te caerá el vientre.
No era infrecuente abortar la canción, entre las risotadas que nos entrecortaban el aliento, con testigos de excepción ojipláticos, la ralea coruñesa apretujada entre vaivenes.
La canción era inexacta, el buen ritmo y mejor métrica aconsejaba decir "peras verdes", cuando lo suyo en exactitud sería informar "peras maduras", "peras pasadas" o su equivalente. En todo caso, a los veinte años, tierna edad infantil, el estómago de uno permite implarse a discrección, acudir al excusado y evacuar monumentos en forma y color, la perfecta alimacha castaña, en sus distintas gamas, pulida y anacarada, intuyéndose suave como los gastados mangos de un apero, extremos en punta, grosor de plátano y longitud imprecisa, despareciendo su final en el agujero, imitando un mercacías a la entrada del túnel. Tan sólo, en los días del resacón perpetuo, mutaba aquella simetría y buen color, por una pasta negruzca, que atascaba tubería y pedía uso generoso del papel, que embarraba una y otra vez.
Con la vejez, la caca baila en las distintas formas de descomposión, como un reloj impreciso, varía como el calendario lunar, cagarrutas con contorno de procesionaria, heces ceniza acusando fallo hepático, picos de sangre de las hemorroides o tumores, pasta collage de vertedero, caño podrido que evacúas como las tuberías cuando cogieron aire.
Las heces pierden tanto su precisión aquejada edad madura, que cuando uno planta una deposición tan perfecta como antaño, que dan ganas de cogerla y guardarla en cajita de plata, y exhibirla en bares y restaurantes, que sabiendo que uno no puede hacerlo por las normas sociales imperantes, al menos se inspira para estas líneas.
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